El vínculo emocional de una pareja se basa en parte en la capacidad de protegerse y sentirse seguros en compañía del otro.

La información necesaria para proteger le otorga poder a la pareja, te coloca en una posición de vulnerabilidad.

La clave es en estar seguros que tu pareja utilizará ese poder para apoyarte y cuidarte, no para maltratarte.

La palabra protección se asocia coloquialmente a una acción ejecutada para defender a alguien con la finalidad de evitar un maltrato visible (causando daño físico y/o moral), como recibir un golpe, un insulto, una caída, tener frío, etc. Por ende la protección busca prevenir un acto violento.

Ciertamente todo acto que una persona realice con el objeto de cuidar a otra involucra o refleja un sentimiento de amor, y como parte de éste el respeto y la empatía.

En consecuencia se quiere y se busca lo mejor para el otro, por tanto se le prodigan los cuidados que sean necesarios (protección).

Revisemos más a fondo el uso la palabra “protección” en la práctica cotidiana de las relaciones de pareja.

Tradicionalmente se ha dado por sentado que en una relación de pareja el hombre “protegerá” a la mujer, debido a que él posee habilidades visibles que lo capacitan para brindar esa protección: mayor fuerza física, una temperatura corporal más elevada, entre otras.

Eso ha llevado a que se presente a la mujer como un ser frágil y delicado a la que se debe cuidar, dejando a la mujer en una posición de dependencia e inferioridad frente al hombre.

Hoy en día esa visión ha cambiado y la mujer se presente como una persona fuerte y capaz de brindarle protección al hombre con el uso de sus fortalezas: su sensibilidad, el uso de la palabra, el entendimiento, entre otros.

Este cambio en la visión de la mujer le otorga poder en la relación. No todas las parejas han sabido manejar ese modificación.

La “igualdad de sexos”, no quiere decir que seamos exactamente iguales, somos dos caras de una misma moneda, nos complementamos porque cada uno tiene algo que ofrecerle al otro.

La capacidad de protección de ambos se basa en usar sus fortalezas al servicio del otro, y poder mostrar sus vulnerabilidades.

Ejemplos de la vida diaria.

Cocinar para asegurarse de que la otra persona esté bien alimentada, ayuda a mantener una buena salud, por lo que estamos protegiendo al otro.

Al lavar la ropa y plancharla se está protegiendo la imagen del otro ante sí mismo y ante los demás, lo que repercute directamente en su valía como persona y en su éxito personal y profesional.

Planificar un viaje no es únicamente un acto de amor y disfrute, el relajarnos le permite al cuerpo y a la mente descansar del estrés y los conflictos diarios, con consecuencia directa en la salud mental y física; esto nos protege de posibles conflictos posteriores.

Las actividades que se desarrollan en la vida diaria de una pareja, aún las más rutinarias, deben ser hechas con la finalidad de cuidarse el uno al otro, por ende de protegerse.

Los miembros de la pareja pueden complementarse, aportar cada uno su parte.

No existe una manera “correcta” o “sana” en la que deban funcionar una pareja (no todas tienen que seguir las mismas pautas).

Lo importante y necesario es que exista un consenso entre ambas partes, donde los dos estén satisfechos y contentos con la relación y el desarrollo de su vida.

Para lograrlo es necesario que exista empatía, comunicación y respeto entre ambos miembros, para así logar un hogar protegido, donde los dos se sientan seguros y cómodos.

Lic. Olga Valderrama.
Psicólogo Clínico / Psicoterapeuta
Terapeuta de Familia y Pareja

hola@olgavalderramapsicologo.com

IG: @olgavalderrama.psicologo

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